Víctor tiene 15 años y, como muchos chicos y chicas de su edad es un fan absoluto de la saga de Harry Potter y todo su universo. Hace colección de varitas, cromos...  e incluso le ha escrito una carta a la escritora J.K. Rowling. Además es un chico de lo más creativo. Ha hecho videos inspirados en sus pelis favoritas, ha moldeado con barro su propia escoba voladora y ha demostrado ser un gran conocedor de todos los detalles del mundo de Harry Potter. Al fin y al cabo es su mundo, como él mismo dice: "un lugar  al que escaparse y ser feliz". Por eso, después de pasar por todo el proceso de su enfemedad, tenía clara su ilusión: "transportarse" a ese mundo mágico que tanto le ha gustado desde que tenía siete años, un mundo donde siempre "olvida sus problemas".

La magia de Víctor se contagia. Sus padres fueron los primeros a subirse al tren de la ilusión y transformaron su casa en la de la familia Weasley (con la ayuda de un croma verde) para hacer cerveza de mantequilla.

 

Pero no fueron los únicos. El grupo Eulen, al enterarse de la historia de Víctor, se volcó para ayudarle a conseguir su objetivo: viajar a Londres y conocer los estudios donde Harry Potter se hizo realidad. Para lograrlo, Víctor visitó las oficinas de Eulen, en Madrid, y asistió a un curso especial de Hogwarts. Junto a Ron y Hermione consiguió los siete "horrocruxes" que le permitían viajar a Londres. La familia se sintió arropada en todo momento y fue una experiencia que no olvidarán jamás. A Pilar, la mamá de Víctor, se le siguen poniendo los pelos de punta de la emoción al recordar todo lo vivieron juntos.

Una vez superadas las pruebas, Víctor y su familia estaban a punto para volar a Londres. Antes de poner rumbo a su ilusión, en el hotel Petit Palace, le prepararon una habitación digna de los mejores magos. Y una vez en la ciudad de Harry Potter, exploraron todos los rincones y le cogieron el gusto al metro. Al principio iban un poco perdidos, como el señor Weasley en los libros, pero con un par de viajes ya tenían dominada la situación. Y llegó el gran momento, aquello por lo que Víctor había trabajado tanto: la visita a los estudios de Londres. Allí, Víctor visitó los escenarios míticos de las películas de Harry Potter y voló en una escoba como un auténtico mago. Una visita mágica, que fue el colofón de una aventura digna del mago más famoso y que Víctor disfrutó al junto a sus padres. “Me faltarán años de vida para agradeceros todo lo que habéis hecho por mi. Este viaje me ha llenado de magia, de agradecimiento y de amor mi corazón”.

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