“Me di cuenta de que el caballo no era un animal cualquiera para mí. Es un ejemplo de valentía, de coraje, de superación, de inteligencia, de lealtad, de amistad. Para mí, el caballo lo es todo. (…) Lluvia, mi yegua, es mi apoyo en todo momento. Es el 100% de mi vida ahora mismo. Quiero seguir aprendiendo, porque tenemos muchas cosas que enseñarnos mutuamente”

Estas son las palabras de Diego, un chico de 17 años con las ideas muy claras. Diego empezó a montar desde muy pequeño, en los viajes que hacía a Argentina, con los caballos de los amigos de sus padres. Ansiaba volver a Argentina solo para montar. A los 13 años, se apuntó a una hípica y llegó a ser campeón en salto,  pero llegó la enfermedad oncológica y, entre otras muchas cosas, se vio obligado a interrumpir las clases.

Diego no perdió la esperanza de volver a hacer lo que más le gusta. En la práctica de salto a caballo, como en la vida “se trata de agarrarse fuerte y mirar adelante” nos dijo. “En las actividades que uno elige, hay una relación con la manera de ser, y la manera de afrontar las cosas”. Y así lo hizo Diego. Se enfrentó a los tratamientos, a los días de hospital, al miedo e incluso a la posibilidad de perder un brazo. “Escuché y tuve que vivir cosas que ningún niño tendría que haber escuchado o vivido”. Pero Diego seguía teniendo una pasión por la que seguir luchando. Y en cada visita hacía la misma pregunta a su médico: “¿Cuándo podré volver a montar?”

La ilusión de Diego era establecer una relación única con su yegua, Lluvia "quiero que me reconozca como alguien de su manada". Diego investigó y revisó toda la información sobre los mejores especialistas en caballos hasta encontrar una tribu especializada en doma india natural, los Scarpati, en Argentina, la tierra natal de sus padres. Todas las piezas encajaban: su pasión y sus orígenes. Todos sabían que era complicado. Pero no existen barreras ante el poder contagioso de la ilusión. El sueño de Diego estaba cada vez más cerca y fueron muchas las personas que lo apoyaron para que, finalmente, se hiciese realidad.

“Dejamos a la tribu Scarpati, como no podía ser de otra manera, con los ojos brillantes y ese nudo en la garganta que no sube ni baja. Por todo lo vivido, no es fácil despegarse y que esto pase a nuestra historia, puesto que no es una cosa más que nos pasó.” Estas palabras de la madre de Diego son el mejor testimonio de esos días inolvidables y de la conexión única que se estableció entre la familia, los caballos, Diego y la tribu Scarpati. Para Diego ha sido una experiencia transformadora, llena de inspiración y energía, que ha marcado un antes y un después en la vida de este valiente "susurrador" de caballos.


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